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Benjamin Graham y el trading con opciones en el mercado actual

el inversor inteligente opciones financieras Jan 07, 2026

Benjamin Graham nunca habló directamente del trading con opciones tal como se practica hoy. Sin embargo, su marco mental sigue siendo sorprendentemente aplicable. El inversor inteligente no es un libro sobre instrumentos financieros específicos, sino sobre cómo pensar el riesgo, el margen de seguridad y el comportamiento humano frente al mercado. Bajo esa lente, las opciones no serían vistas como un casino, sino como una herramienta que puede servir tanto para destruir capital como para protegerlo, dependiendo del enfoque.

Graham insistía en que el inversor debía diferenciar entre inversión y especulación. Esa distinción sigue siendo crucial cuando se introducen opciones en una cartera. El simple uso de calls y puts no convierte a nadie en especulador; lo que importa es el propósito detrás de la estructura. Para Graham, cualquier operación que no tenga un análisis razonable del valor subyacente y del riesgo asumido entra en el terreno de la especulación.

Desde esa perspectiva, el trading direccional agresivo con opciones de corto vencimiento encajaría mal con su filosofía. No por el instrumento en sí, sino por la dependencia excesiva de predicciones de precio y de timing. Graham desconfiaba profundamente de la idea de “saber” qué hará el mercado en el corto plazo, y ese es precisamente el pilar de muchas estrategias populares hoy.

En cambio, el uso conservador de opciones sí podría alinearse con su pensamiento. Estrategias como la call cubierta o el cash secured put no buscan adivinar movimientos violentos, sino establecer rangos razonables y cobrar una prima a cambio de asumir una obligación claramente definida. Aquí aparece uno de los conceptos centrales de Graham: saber exactamente qué puede salir mal antes de entrar en una operación.

El margen de seguridad, uno de los pilares de El inversor inteligente, también puede trasladarse al mundo de las opciones. En acciones, Graham lo definía como la diferencia entre el precio pagado y el valor intrínseco. En opciones, ese margen puede interpretarse como la distancia entre el strike y el precio del subyacente, junto con la prima recibida. Cuanto mayor sea esa distancia, menor es la probabilidad de escenarios extremos, aunque también se reduzca el retorno potencial.

Otro punto clave es la relación entre riesgo y comportamiento. Graham hablaba del “Señor Mercado” como una entidad emocional e irracional. En el trading con opciones, esa irracionalidad se refleja con claridad en la volatilidad implícita. Eventos como earnings, decisiones de la Fed o datos macro inflan primas no porque el valor haya cambiado, sino porque el miedo y la incertidumbre aumentan. Un inversor con mentalidad grahamiana no ignoraría esto, pero tampoco lo explotaría sin entender el costo real del riesgo asumido.

El control del tamaño de posición también encaja directamente con su filosofía. Graham defendía la diversificación no como un método para maximizar retornos, sino para reducir errores graves. En opciones, esto se traduce en evitar concentrar demasiado capital en una sola estructura o vencimiento. Una operación técnicamente correcta puede fallar; el daño aparece cuando el tamaño es excesivo.

Además, Graham desconfiaba del apalancamiento implícito. Las opciones, por naturaleza, amplifican movimientos, y eso exige disciplina. Desde su óptica, el uso de opciones debería limitarse a estructuras donde el riesgo máximo esté claramente definido o respaldado por capital real, como ocurre con el cash secured put o la call cubierta respaldada por acciones.

Quizás el mayor choque entre Graham y el trading moderno con opciones sea la obsesión por la frecuencia. Hoy se glorifica operar todos los días, mientras que Graham defendía la paciencia y la inactividad como virtudes. Aplicado a opciones, esto implicaría seleccionar operaciones con criterios estrictos y aceptar largos periodos sin hacer nada cuando el mercado no ofrece condiciones razonables.

En última instancia, Benjamin Graham no juzgaría las opciones por su complejidad técnica, sino por la intención del inversor. Si se utilizan para generar ingresos controlados, reducir riesgo o mejorar la eficiencia de una cartera bien analizada, encajan dentro de su marco. Si se usan como una apuesta apalancada basada en emociones o narrativas, quedarían fuera de lo que él consideraba inversión.

El mercado ha cambiado, los instrumentos han evolucionado, pero la pregunta central sigue siendo la misma: ¿estás usando las opciones para gestionar riesgo o para perseguir resultados? Esa pregunta, hoy como entonces, define la diferencia entre un inversor inteligente y uno impulsivo.

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